10/06/10
Un cuento de Alberto Salinas
SECUESTRO EN “LA MOSCA”
La tarde de invierno hacía que las calles de la ciudad estuviesen desiertas. Tempranamente había oscurecido, la mayoría de los habitantes se mantenían bajo techo, al abrigo de la calefacción, en compañía de sus seres queridos. Parecía un domingo más, bucólico y tranquilo, que llegaba a su fin. Pero no iba a ser así. En la esquina de la avenida principal apareció un hombre alto, envuelto en un poncho, con botas y vaqueros asados.
Llevaba anteojos y un sombrero bajo, de alas anchas .Su rostro estaba surcado por profundas arrugas, curtido por soles y lluvias. Entró al hotel de Marco, pidió una habitación al conserje, se registró y subió las escaleras. Al conserje le extrañó la falta de equipaje del desconocido. Al rato llegó un hombre corpulento, preguntó por Clint y cuando el conserje estaba por decirle que no tenía a ningún Clint registrado, miró los datos del huésped recién llegado y pudo constatar que se llamaba Clint. Llamó a la habitación del hombre alto y le avisó que tenía una visita. Y se quedó esperando una respuesta. En un instante escuchó una voz áspera que llamaba al grandote desde el rellano de la escalera. El hombre alto se movía más rápido de lo que hablaba.
Al instante bajaron los dos hombres saltando de a dos los escalones y salieron sin despedirse. El conserje pudo ver que subían a un Ford Fairlane color gris metal, bien conservado para un vehículo de más de treinta años.
El auto partió velozmente y se perdió por las calles de San Telmo. El viaje continuó, pasaron frente al Parque Lezama y cruzaron el riachuelo por un puente a la Provincia de Buenos Aires, continuaron por distintas calles hasta llegar a una zona del Partido de Avellaneda. Estaban en Piñeiro, un barrio singular, en un paraje conocido como La Mosca, por haber estado en línea con el camino polvoriento por el que transitaba el ganado vacuno, rumbo a los matarifes y frigoríficos instalados en la orilla del río, un siglo atrás. A la vera de ese camino caían los animales más débiles, extenuados por la larga travesía, en una suerte de selección natural, que contribuía a construir la leyenda de las carnes argentinas. Los restos de os vacunos, quedaban a los costados del camino, siendo presa de los perros que rápidamente dejaban sólo las osamentas secadas al sol.
Las moscas se convertían en una presencia permanente en ese trayecto de la carne. El camino polvoriento, dejó paso a una avenida empedrada, mucho después asfaltada, pero en la memoria popular del camino sólo quedó el recuerdo de las moscas, como nombre de ese chato paraje que, alguna vez, fue un barrio fabril y hoy es otra cosa.
Llegaron a una inmensa fábrica de cristalería abandonada, con dos toques de bocina lograron que les abrieran los portones. Una vez dentro avanzaron por una calle interna hasta llegar a un gran edificio donde, después de estacionar el automóvil, ingresaron por una puerta frontal.
En ese lugar los esperaba un grupo de personas, eran los que le pedían a Clint que interviniese en su favor. Nunca se habían visto, jamás se les ocurrió que estarían frente al hombre alto, al que admiraban desde su participación en una vieja serie televisiva, Cuero crudo. Y más lo continuaron admirando cuando apareció en películas de neto sello itálico, como Lo bueno, lo malo y lo feo. Al tiempo lo aplaudieron a rabiar en su papel de Harry el Sucio Callahan, en la saga de Mágnum 44.
Clint siguió actuando y dirigiendo, pero para los habitantes de ese lugar humilde quedó inmortalizado en sus viejos papeles de vaquero vengador y, de hecho, nadie hubiese pensado que el hombre que tenían delante era un septuagenario, a lo sumo aparentaba unos cuarenta años. ¿ Será porque los héroes no tienen edad ?
El hombre alto escuchó atentamente lo que le decían los vecinos, atemorizados por largos años de opresión, uncidos al yugo de una delincuencia vandálica, explotados por gobernantes corruptos y desprotegidos por una policía que se aliaba sólo a sus propios intereses y terminaba por cerrar un entramado que configuraba un campo de concentración, en el que los vecinos eran los prisioneros.
El oído de Clint se iba acostumbrando a la particular forma de decir el español en este lado de América, Clint había vivido y trabajado en California y en España, hablaba muy bien y leía pasablemente el español, pero en el Plata descubría sonidos nuevos que le traían recuerdos de lecturas pasadas, cuando descubrió la literatura argentina, pero escuchar la palabra no es lo mismo que leerla en la letra muda.
Una vez impuesto de las penurias de esa gente trabajadora, Clint y su compañero amigo, Juan Carlos, compartieron un asado con todos los presentes. El grandote fue un aplaudido asador y Clint demostró no ser ningún lerdo a la hora de dar una mano en la preparación, saborearon unos buenos vinos mendocinos y a los postres se sirvieron tortas caseras preparadas por las mujeres del barrio. Allí fue cuando Juan Carlos le contó a Clint que sentía que, más allá de los resultados, sus aspiraciones estaban colmadas desde que recibió el correo electrónico que confirmaba su viaje a Buenos Aires. El grandote era un admirador incondicional del hombre alto, la correspondencia entre ellos se remontaba a los tiempos en que una carta de Buenos Aires a su California tardaba varias semanas.
A la mañana siguiente estaba recorriendo las calles del barrio en el Fairlane que le había conseguido Juan Carlos, cuado observó una persecución, un auto blanco perseguía a otro rojo. Clint avanzó detrás de los vehículos para enterarse de lo que se trataba. Al llegar a una zona deshabitada vio a un segundo automóvil, una camioneta negra, cruzarse delante del auto rojo. De la camioneta y el auto blanco bajaron dos hombres de cada uno, se acercaron al auto rojo y arrastraron a su único ocupante a la camioneta negra. Clint entendió que podía tratarse de un secuestro y decidió poner manos a la obra. Frenó el viejo Ford frente a los captores que ya estaban por empujar al prisionero y salió del auto con un enorme Mágnum 44 entre sus manos. Los hombres cayeron al piso y trataron de sacar sus armas. El más cercano a Clint quedó noqueado por un golpe aplicado con la punta de la bota en la mandíbula, el segundo perdió su arma por un certero golpe de taco. El tercero y el cuarto se llevaron unos culatazos que los derribaron, de los vehículos perseguidores detenidos descendieron los conductores, pero Clint les apuntaba con su arma y no se arriesgaron a enfrentarlo. Después de una breve charla Clint descubrió que eran policías y que sobre el perseguido pesaba una orden de captura. El hombre alto exhibió una credencial que tenía los datos del Teniente Harry Callahan de la policía de Los Ángeles. Los policías golpeados no estaban muy contentos, pero quisieron ser comprensivos con el colega extranjero, cuando a todos los sorprendió el ruido de un motor que se alejaba, era el auto rojo con el hombre que tenía un pedido de captura. Clint saltó a su auto y lo puso enmarca, arrancó en medio de los insultos de los policías y se dedicó a perseguir al fugitivo.
A los quinientos metros de iniciada la persecución, el motor preparado para persecuciones por un experto mecánico argentino, hizo prevalecer su mayor potencia. El Ford rebasó la línea del auto rojo y lo encerró, el auto rojo embistió al viejo Ford, lo que causó muchos daños en el auto rojo, un moderno Fiat, y casi ninguno en el robusto Fairlane. El conductor del Fiat rojo estaba golpeado pero aún tenía reservas para seguir peleando, salió hecho una furia con una pistola en una mano y un cuchillo en la otra, un potente derechazo en el medio del rostro lo desarticuló como un muñeco roto. Clint lo tenía esposado, aún inconsciente, cuando llegaron los policías en sus vehículos. Se disculparon con el americano por los insultos con que lo habían despreciado hacía unos minutos y lo invitaron a tomar un café para confraternizar.
Se está cumpliendo un año del fallecimiento de Alberto Salinas, narrador, publicista, programador, diseñador. Como editor ha iniciado el sello playa sola junto con Norma Padra, Cristina Pizarro y Sebastián Jorgi. Algunos de sus cuentos han aparecido en publicaciones literarias y en diarios. Todos los amigos escritores, le damos las gracias con esta recordación.
15:31 Permalink | Comentarios (0) | Email esto
30/05/10
MÚSICA CELTA ARGENTINA
Crónicas de un lector
MÚSICA CELTA ARGENTINA, Carlos Prebble, El Escriba.
“A través de la música, el canto, la poesía y la cultura se demuestra la inutilidad de la violencia y la guerra...” L.Z.
A lo largo de 228 páginas, este libro de Carlos Prebble, resulta una verdadera guía sobre los grupos formados en nuestro país de música celta. Y catapulta la lectura con la transcripción de un fragmento de Bendición Celta:’Que la buena suerte te persiga y cada día y cada noche tengas muros contra el viento, un techo para la lluvia, bebidas junto al fuego, risas para consolarte aquellos a quien amas cerca de ti, y todo lo que tu corazón desee’.
La serie de conjuntos celtas que abarca esta edición es antológica: Abrego (Música Folk Celta Sinfónica), Achaiva da Ponte, Agrupación Folklórica Baixo Miño, Agrupación Miña Terra, Anam Keltoi, Brian Barthe, Coro del Centro
Gallego de Buenos Aires, Celtic Underground(Scotish Electronic Music), -—por nombrar unos pocos, cada uno con el nombre de sus componentes, historia y con la página web para su contratación y/o contactarlos.
Daniel Alejandro Pazos-músico de esta corriente celta-en el prólogo bien dice:’Este gran trabajo realizado por Carlos Prebble nos da la posibilidad de poder, de alguna manera, concretar nuestras ideas y dejar plasmado una investigación, la cual servirá para que las futuras generaciones puedan saber sobre la historia de la Música Céltica en nuestra Argentina’.
Nada más apropiado para definir este enorme trabajo, esta compilación, que deberá ser reconocida por el ambiente que circunscribe a esa música y a los entusiastas de la misma. ¿Cuántos años le deparó a Carlos Prebble esta enjundiosa, única, investigación? ¿Habrá un reconocimiento póstumo?
Luis Daniel Zuluaga, periodista, expresa en la contratapa: “A través de la música, el canto, la poesía y
la cultura se demuestra la inutilidad de la violencia y la guerra ya que son convocantes entre los hombres
a elevarse y a elevar la sociedad hacia metas sublimes”
Carlos Prebble, Contador Público Nacional, Periodista Matriculado como Colaborador del Diario La Nacion al lado de Germán Sopeña y en la sección de Economía, también ha transitado su pluma certera por El Tiempo de Azul, La Capital de Mar del Plata y en esta sección Cultural de Pregón de Jujuy.
Gracias, querido colega y amigo. Dios será contigo.
Sebastián Jorgi, profesor de Literatura, poeta, narrador, dramaturgo, periodista literario bonaerense,
para PREGON, Jujuy, 30 de mayo de 2010.
18:30 Anotado en crítica | Permalink | Comentarios (0) | Email esto
23/04/10
GOTANGEL
ESPACIO LITERARIO NORMA PADRA
"La Subasta"
Ciudad de Buenos Aires
LOS INVITADOS DEL 15 DE MAYO SON:
César Cantóni
Juan D. Carrizo, presenta su libro: “El ojo avizor”.
Elisa Dejistani
María Amelia Díaz
Ramón Fanelli, presenta su libro: “A palo de güeso”.
María González Rouco
Sebastián Jorgi, presenta su libro:
"Gotángel”, palabras introductorias a cargo de Ernesto Goldar.
Gabriela Migliano
A continuación se sortearán libros entre los asistentes.
-Entrada libre y gratuita-
Coordina:
Norma Padra
www.revistapapirolas.blogspot.com
normapadra@gmail.com
ver fotos: http://fotosdeunlector.blog.arnet.com.ar/archive/2010/05/...
04:45 Anotado en novela | Permalink | Comentarios (0) | Email esto



